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IntroducciónEnvejecer en Chile siendo mujer genera diversos escenarios de inequidad. Por una parte, Chile experimenta una transición demográfica acelerada, donde la mayoría de las mujeres mayores son autovalentes. Sin embargo, existen muy pocas políticas públicas destinadas a promover y/o mantener las condiciones saludables de esta población, pues gran parte de las acciones destinadas a la vejez, están pensadas con fines curativos más que preventivos y, además, no consideran una perspectiva de género. Por otra parte, las condiciones de desigualdad históricas que han vivenciado las mujeres mayores en Chile, genera que la experiencia de la vejez esté marcada por la carencia de recursos económicos e injusticias sociales que podrían no favorecen su propio cuidado en salud. ObjetivosDescribir y caracterizar las prácticas para el propio cuidado en salud que realizan mujeres mayores saludables que viven en la ciudad de Santiago, para luego analizar y comprenderlas desde el marco de los determinantes sociales de la salud y la teoría feminista de la interseccionalidad. MétodoDescribir y caracterizar las prácticas para el propio cuidado en salud que realizan mujeres mayores saludables que viven en la ciudad de Santiago, para luego analizar y comprenderlas desde el marco de los determinantes sociales de la salud y la teoría feminista de la interseccionalidad. Principales ResultadosSe entrevistaron 18 mujeres mayores cotizantes de FONASA, cuyas edades fluctúan entre los 62 y 94 años. Todas ellas declararon presentar diversas condiciones crónicas, pero sentirse "sanas para su edad". Ante la pregunta ¿qué hacen las mujeres mayores para cuidar su propia salud? se observa, a partir de los datos que las mujeres participantes de la investigación realizan, por una parte, prácticas para cuidar la propia vida de forma autónoma y, por otra, prácticas para cuidar la vida en común que tienen con otras personas. El cuidado de la vida en común implica tres ámbitos de acciones: 1) ellas cuidan de otros/as: apoyando en la enfermedad/soledad/tristeza, compartiendo lo que tienen y entregando afecto; 2) ellas reciben cuidados de otros/as: apoyo económico, apoyo logístico, cuidados en enfermedades y recibiendo afecto y 3) ellas participan en cuidados colectivos que involucran y favorecen a toda la comunidad. El cuidado de la vida en común se presenta muy claramente en barrios y/o territorios que construyen una vida comunitaria, donde se generan grupos que promueven una transformación social, que comparten una historia común y/o donde se reconocen como parte de un todo. ConclusionesLas mujeres mayores saludables, mediante su propia agencia, se hacen parte del cuidado de la vida en común que tienen con otras personas. Este cuidado genera formas recíprocas que sostienen aspectos de la salud individual y colectiva. Existen inequidades actuales e históricas que no favorecen el propio cuidado en salud de las mujeres mayores, estas inequidades se relacionan a aspectos vinculados al género, la clase, la edad y el territorio. El Estado debe mirar el cuidado de la salud en la vejez como una dimensión que va más allá de los servicios de salud, incorporando la vida en común que tienen las personas mayores con sus familiares, amigos/as y vecinos/as y promoviendo, desde sus políticas intersectoriales, el tejido comunitario. |
Autores:
Alondra Castillo D.[1], Alejandra Marcela Fuentes G.[2]
Citación: Castillo D. A, Fuentes G. AM. Healthy older women and reciprocal health care practices with their communities: a survival strategy. Medwave 2021;21(S2):eSP32 doi: 10.5867/Medwave.2021.S2.SP32
Fecha de publicación: 3/8/2021
Origen: Resumen aceptado para presentación oral en VI Congreso Chileno de Salud Pública y VIII Congreso Chileno de Epidemiología
Tipo de revisión: Revisado y seleccionado por el Comité Científico para el VI Congreso Chileno de Salud Pública y VIII Congreso Chileno de Epidemiología
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